¡Los padres que hoy somos, tiene que ver con los hijos que alguna vez fuimos!

Carol Martinez

Psicóloga con experiencia de 13 años en análisis, evaluación, desarrollo y formación de personal a nivel organizacional. Actualmente certificada en disciplina asertiva, soy mamá a tiempo completo de Emma, con quién nos dedicamos a compartir nuestras experiencias y aprendizajes a través de nuestra cuenta en Instagram @creciendo_con_Emma

diciembre 11, 2020

Cada niño o niña tiene un conjunto de rasgos y características único e irrepetible, de la misma manera su proceso de desarrollo y las necesidades generadas a lo largo del mismo, también se dan de una manera ÚNICA! Cuando dichas necesidades propias fundamentales (apego, presencia, conexión, atención, contribución, pertenencia, etc,) no son satisfechas de la forma en la que el niño o niña genuinamente necesita y esta situación se da de forma persistente y prolongada a través del tiempo, se generan heridas en el cuerpo emocional (cómo lo describe Yvonne Laborda), las cuales se denominan heridas primarias. Todas estas necesidades insatisfechas (ya sea en primera infancia, adolescencia o juventud) generan marcas a nivel emocional, que quedan registradas como “asuntos sin resolver” o “vacíos pendientes por llenar”.
En ese momento de vida, nos corresponde naturalmente el rol de receptores en la dinámica padres/hijos; es decir que durante esos 3 primeros septenios de vida, el ser humano necesita que sus padres o cuidadores primarios sean su fuente de apego, seguridad, amor incondicional, regulación emocional, validación, contención, conexión, intimidad emocional, seguridad integral y no al contrario (la forma de satisfacción de estas necesidades cambia según la edad). Cuando este orden natural se ve alterado, es decir, que el niño o niña se ven forzados a satisfacer las necesidades y expectativas del adulto de manera permanente y no al contrario, se abre el camino para desarrollar formas de relacionarse consigo mismo y con el entorno poco sanas, afianzando hábitos de vida y una forma poco asertiva de responder frente a las diferentes situaciones que se le presentan (en mayor o menor medida).
¿Cómo fue la relación con tus padres en tu infancia, adolescencia, incluso juventud? ¿Tuviste suficiente presencia, contacto, juego, contención, acompañamiento emocional, validación? ¿Te sentiste valorado, escuchado, tenido en cuenta? ¿Fuiste respetado y amado incondicionalmente? O por el contrario ¿era algo que tenías que “ganarte”? ¿Tus emociones solían ser “calladas”, juzgadas, condenadas, rechazadas? ¿Tus padres solían etiquetarte, golpearte, amenazarte, manipularte para que hicieras las cosas donde, cuando y cómo ellos deseaban y no cómo tu necesitabas en la forma más pura? ¿Tenías que comerte hasta el último grano servido en tu plato, aunque estuvieras lleno o no te gustará para nada? ¿Fuiste víctima de bullying o tal vez abusado sexualmente y sentiste que no tenias a quien acudir y tuviste que vivir sólo o sola todo este dolor? ¿Fuiste abandonado por alguno de tus padres? Estos son sólo algunas de la realidades que pudieron ser parte de tu historia y cuya huella ha estado latente a lo largo de tu vida (si es que no has hecho lo necesario para sanar)
Si bien nuestras parejas sentimentales son unos de nuestros más grandes espejos, todo este contenido se ve reflejado con mayor intensidad cuando nos convertimos en padres, porque “Dar lo que no recibimos DUELE!. Cada vez que te sientes desesperar y que una fuerza interna “actúa” desde lo más profundo de tu ser, abrazándote en forma de una infinita necesidad de control y ansiedad, y te encuentras a ti mismo/a gritando, rechazando, amenazando, humillando, ignorando, evadiendo, abandonando, controlando, a tu hijo o hija, es una llamada de tu propio niño o niña herida pidiendo ser sanado/a;

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3 Comentarios

  1. Narcisa García

    Que fantástico lo que has escrito felicitaciones soy mamá de una beba de 31 pero ahora Ella esta apenas formando su hogar los dos trabajan mucho y parece ser que les asuste les aterra la responsabilidad de ser padres y más en los tiempos como estamos!!! Me gustaría ser mejor guía de mi hija en estos momentos pero quiero respetar tanto su espacio su vida de pareja que no creo que a mi me competa Dino a los dos, pero como madre latina quisiera poderle dar el mejor consejo sin que eso afecte la decisión de los dos. Hoy las parejas jóvenes se lo piensan mucho y más es cobardía de asumir esa responsabilidad y dejar su vida de comfort 🙈🙈🙈 podría escribir tanto y nunca acabar.

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    • Dayana Jácome

      Hola Narcisa, justo tengo esa edad, y doy fe de que da miedo, yo ya soy madre pero me cuesta mucho aumentar la familia, mi madre está en la misma situación que tu, y está haciendo lo mismo, dejarnos nuestro espacio y yo acudo a ella cuando la necesito. Y tienes toda la razón , nos cuesta salir de esa zona de confort o aumentar la responsabilidad. El ser padres tiene que salir de ella, sin presiones, sin agobios, aún está a tiempo. Le he pasado el mensaje a Carol para que ella como psicóloga, te de su opinión. Un fuerte abrazo!

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    • Carol Martinez

      Gracias Narcisa por leerme y por compartir tu experiencia!
      Una de las formas más grandiosas de amar a nuestros hijos desde siempre y por el resto de nuestras vidas es dejarlos ser, respetar ese “ser” y sus propios procesos y al mismo tiempo amarlos y estar presentes de forma incondicional! De esta manera no sólo abrimos el espacio para au propio descubrimiento y aprendizajes , haciéndoles sentir seguros de que efectivamente son capaces de asumir cada nuevo reto, sino que además se fortalecen los vínculos y los espacios de intimidad emocional que han construido, cuando nuestros hijos no se sienten supervisados o juzgados en cada paso ( aplica para todas las edades pero de forma diferente según el momento de vida y desarrollo por supuesto).
      Estas afirmaciones las hago cómo psicóloga, desde los principios de la crianza respetuosa y consciente y en especial cómo hija! No hay aprendizaje más arraigado que el que se adquiere a través de la propia indagación y experiencia; y cómo madre entiendo perfectamente la “necesidad de control” que puede albergarnos cuando se trata de “asegurar” el bienestar de nuestros hijos. Tu hija es adulta ahora y dueña de su propio camino y decisiones… así que además de soltar y dejar que todo fluya, siempre podrás acompañarla compartiendo información que te parezca interesante y que consideres que puede aportar para su vida, lejos de juicios o la necesidad de que haga las cosas cómo las harías tú o cómo te gustaría que las hiciera (esa es una lucha interna permanente para la mayoría de los padres :/). Te envío un abrazo y mis mejores deseos para las dos en esta nueva etapa que estará llena de nuevos descubrimientos y aprendizajes para ambas 🙂

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